Libros a la carta

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La NYPL (La Biblioteca Pública de Nueva York) ha instalado una máquina de libros  bajo demanda. Se trata de un aparato que puede imprimir cualquier libro cuya información haya sido introducida previamente en sus bases de datos en cuestión de minutos. Aunque el catálogo es, por ahora, algo reducido, se espera que pronto pueda imprimir cualquiera de los 200,000 títulos del dominio público de la OCA (Open Content Alliance), una organización sin fines de lucro. Es más, los libros serán impresos sin cargo para cualquier suscriptor, gracias a un patrocinio de la Fundación Alfred P. Sloan. La impresión bajo demanda es un sistema que permite imprimir, cortar y empastar cualquier libro rápidamente. El costo del proceso es ligeramente superior al de un libro de imprenta pero, a cambio, ofrece una gran flexibilidad. Sólo requiere que la información del volumen sea introducida en el sistema y la máquina hace el resto.

Una de las ventajas de la impresión bajo demanda es que no hay excedentes. Se imprimen solamente los libros que se requieren y ello permite (hipotéticamente) un mayor número de títulos disponibles con bajos costos de operación y de distribución. La calidad de los libros es excelente y sería posible, si el método se difunde, bajar el título de internet, dirigirse a la máquina más cercana e imprimir el libro. Las cubiertas pueden ir plastificadas y el tipo de papel quedaría a la elección del cliente.

Si llevamos las cosas más allá, las librerías sólo necesitarían exhibir las portadas de los títulos, con el consiguiente ahorro de espacio. Al final, el cliente digitaría el código de la obra (como en una máquina de golosinas) y, en poco tiempo, tendría el libro en sus manos.

¿Cuál es la ventaja de un sistema así?

La respuesta es simple: Un catálogo de Millones de títulos en todos los idiomas del planeta y al alcance de cualquier consumidor, sin importar dónde se encuentre ni el tamaño de la librería.

¿Otra ventaja?

Cualquier obra podría ser publicada, pues los costos de edición se reducirían casi a cero.

¿Otra más?

Los títulos jamás quedarían descontinuados, agotados, ni sujetos a los vaivenes de la moda.

¿Qué se necesita para que un sistema así funcione?

Voluntad.

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