Selfie “a la antigüita”

selfie a la antigua

La foto del “rucuerdo”.

Aunque parezca increíble (y, de hecho, hay muchos para quienes eso es una realidad incomprensible), no siempre ha habido celulares, ni mucho menos celulares con cámara.

Rucuerdo cuando un chico que conocí siendo muy joven (y que ya vota), le preguntó a su madre: “Mamá, ¿qué es un LP?”.

¡¡Casi me da una apoplejía!!

Hace poco menos de 15 años, compré un avanzado teléfono con cámara, uno de los pocos que había. Tomaba fotos espantosas en resolución QVGA (320x240 px). Si las cuentas no me salen mal, eso debe ser menos de 0.1 megapixeles.

Ahora hay celulares con cámaras potentísimas, que premiten grabar imágenes muy decentes pero cuyos resultados siguen limitados, como siempre, a la imaginación de quien oprime el botón.

Una de las pasiones modernas que han capturado la imaginación de los usuarios de los smartphones son los llamados “selfies”, fotos de uno mismo para mostrar en redes sociales y que se han convertido en la pasión pública de muchos. Vaya, que hasta personajes tan serios e investidos de dignos cargos como La reina de Inglaterra y decenas de otros dirigentes han cedido a esta tentación. No que esté mal, sino que cuesta trabajo creer que esas personas no hallaran quiénes les tomaran una foto.

Porque, inevitablemente, eso es lo que me viene a la mente cuando veo un selfie: Que esa persona tuvo que tomar la foto porque no había quién apretara el disparador.

Debo de admitir, sin embargo, que hay verdaderos expertos (suelen ser mujeres) en “el arte del selfie” y de tanto verlas como que empiezan a gustarme.

Un día postearé uno.

2 comentarios:

  1. Pues yo nunca he podido tomar selfies decentes... A veces creo que es más por sentido de pertenencia, para no excluir al fotógrafo (en las selfies grupales, por lo menos)

    Pero cuando hablas de soledad y selfies se me viene a la cabeza el Autorretrato a lo Márat, de Edvard Munch. Es desazonante, la soledad.

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    1. Pamela;

      Es curioso este fenómeno de las selfies: Por un lado, está la foto misma, que no tiene por qué significar nada mas que lo que uno tenga en la imaginación por la experiencia personal y, por otro, está el juicio colectivo, que parece aplaudir esta práctica. Como sea, se trata de un juicio de uno mismo, como el ejemplo de Munch que mencionas, y a veces puede ser agradable y otras profundamente triste.
      Un abrazo

      Andrés

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