Shots Literarios: Lo Que Pasa En Cinco Minutos (Fedor Dostoievski)

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Este hombre había sido conducido al suplicio, donde debía ser ejecutado por delitos políticos. Veinte minutos pasaron, entre la lectura de la sentencia y los preparativos, y en ese ínterin llegó la conmutación de la pena. Durante ese intervalo, el desventurado creyó firmemente que moriría al cabo de pocos instantes. Yo ardía en deseos de saber cuáles habían sido sus impresiones, y más de una vez le interrogué sobre el particular. Las recordaba con una precisión extraordinaria, asegurando que jamás podría olvidar nada de lo que experimentó en aquellos terribles momentos. A veinte pasos del suplicio, que rodeaban los soldados y el pueblo, alzábanse tres postes, porque eran varios los condenados. Ataron los primeros tres a los postes, después de haberles puesto el traje de rigor, consistente en una larga blusa blanca, y una especie de gorro de dormir hundido hasta los ojos para que no viesen los fusiles. Seguidamente formó ante aquellos desgraciados el piquete que debía ejecutar la sentencia. El hombre de quien hablo, figuraba en el octavo lugar de la lista de los condenados; por lo tanto, debía de ser ajusticiado en la tercera serie. Un sacerdote, llevando un crucifijo en la mano, se acercó, sucesivamente, a cada uno de los tres reos que estaban sujetos a los postes. Les quedaban cinco minutos de vida, todo lo más. Decía mi amigo que estos cinco minutos habían representado para él una eternidad; parecíale que contenían tantas vidas, que ni se le ocurrió pensar en el último momento. Había dividido el tiempo en la siguiente forma: dos minutos para despedirse de sus compañeros; otros dos minutos para recogerse en sí mismo, y uno para lanzar la última mirada en su derredor. Recordaba perfectamente haber tomado estas disposiciones supremas. Iba a morir a los veintisiete años y en la plenitud de su vida. Recordaba que, al despedirse de sus amigos, había dirigido a uno de ellos una pregunta indiferente y escuchado la respuesta con bastante interés. Terminados los adioses, llegaron los dos minutos que había destinado al recogimiento; sabía de antemano lo que había de pensar, y el objeto de sus meditaciones: "Ahora vivo, pero dentro de tres minutos, ¿dónde estaré, qué será de mí?" ¡Tales eran las cuestiones que se proponía resolver en aquel insignificante espacio de tiempo! No lejos de allí había una iglesia cuya cúpula dorada resplandecía a los rayos del sol. Se acordaba de haber tenido obstinadamente fija la mirada en aquella cúpula y en los rayos que reflejaba; no podía apartar los ojos de ella; parecíale que aquellos rayos fuesen su nueva naturaleza, que al cabo de tres minutos se confundiría con ellos... La incertidumbre, el horror a lo ignoto que sentía tan próximo, eran, sin duda, espantosos; sin embargo, decía, nada le atormentaba tanto como este pensamiento: "¿Y si no muriese? ¿Y si me hiciesen gracia de la vida? ¡Qué eternidad! Y sería mía... ¡Oh; entonces cada minuto sería una existencia nueva, no perdería ni uno, contaría todos los instantes de mi vida, para no malgastar ninguno...!" Finalmente, la obsesión de esta idea le desesperó de tal modo, que hubiera querido ser fusilado antes de que le llegara el turno...

─Su relato es incompleto, príncipe ─repuso Alejandra─; quizá usted trataba de demostrar que no hay momento que no valga un kopec y que, a veces, cinco minutos son más preciosos que un tesoro. Este pensamiento es muy laudable...; pero permítame una pregunta: al amigo que le contó sus angustias le fue conmutada la pena, le fue concedida esa "vida eterna"; pues bien, ¿qué empleo hizo de semejante tesoro? ¿Ha vivido llevando la cuenta de cada minuto para no malgastar ninguno inútilmente, conforme se había prometido?

─¡Oh, no! Yo le pregunté si había cumplido sus promesas; y él mismo me confesó que le fue imposible llevarlas a cabo, y que había perdido muchos, pero muchos minutos.

Fedor Dostoievski, El idiota, 1868

2 comentarios:

  1. un excelente libro aun recuerdo todos los pormenores del mismo, todos los libros de Fedor Dostoievski siguen una secuencia muy parecida en el desarrollo de los personajes y eso es lo mas apasionante.

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    1. felix:

      Definitivamente es un libro bárbaro. He leído casi todas las novelas de Dostoevski y, después de Noches Blancas, es el que más me gusta.

      Saludos

      Andrés

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