Hechos sobre los mosquitos

Hechos sobre los mosquitos

Uno de los ocasionales inconvenientes de ponerse a investigar para un artículo es que, como en este caso, termina uno con un caso grave de comezón y paranoia hacia cualquier cosa que zumbe al volar.

Pareciera que, como los actores que se meten bajo la piel del personaje, también hay escritores “del método” (lo siento, Stanislavski).

Los mosquitos, igual que los legendarios vampiros de Transilvania, chupan la sangre de sus víctimas. Si 1,200,000 mosquitos chuparan nuestra sangre al mismo tiempo, nos dejarían sin una gota en cuestión de minutos.

Es molesta y deseperante la forma en la que siempre se las arreglan para encontrarnos, aún en la más completa oscuridad; ¿cómo lo hacen?

Los mosquitos detectan las emisiones de Dióxido de Carbono que liberamos al respirar, además de que son capaces de percibir el ácido láctico que generan nuestros músculos al contraerse. Por si esto fuera poco, tienen visión de rayos infrarrojos y captan la luz proveniente del calor que emite nuestro cuerpo.

En ciertos lugares inhóspitos hay tal cantidad de mosquitos que las personas que se aventuran en ellos pueden recibir alrededor de 9 mil picaduras por minuto. Bajo estas condiciones, una persona podría perder la mitad de su sangre en 2 horas.

Sólo los mosquitos hembra se alimentan de sangre, a diferencia de los machos, que chupan el néctar de las flores y la savia de algunas plantas. Por fortuna, en la actualidad tenemos que lidiar sólo con los mosquitos modernos, ya que hace millones de años estos tenían un tamaño tres veces mayor. Entre las enfermedades transmitidas por los mosquitos están la malaria, el dengue, el zika y la fiebre amarilla.

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