¿Por qué no podemos recordar haber sido bebés?

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La pérdida de los recuerdos más lejanos continúa siendo un misterio.

Son muchas las posibles soluciones que se han planteado a esta cuestión:

La primera es que esos recuerdos se han perdido porque aún no se desarrollaban los mecanismos necesarios para fijar la memoria de corto plazo y transformarla en memoria a largo plazo en el hipocampo, el quinto giro del lóbulo temporal y la estructura responsable de la formación de recuerdos.

La segunda teoría es que, como aún no aprendemos a hablar en nuestra etapa de bebés, los recuerdos se encuentran ahí pero no constituyen una historia como tal, sino que están dispersos y no tienen un significado que podamos entender. Esto implicaría que la memoria implica un mecanismo narrativo y que si carece de esto, los elementos de un evento se encuentran inconexos e irreconocibles. Sería algo así como recordar una cara con todos sus elementos formando un rostro o… rememorar la nariz, los ojos, el labio superior, la línea del cabello pero sin poder unir estos trozos de la imagen en un todo coherente.

La tercera explicación tiene que ver con lo auténticos que puedan ser dichos eventos. Mientras más lejanos en el tiempo se hallen los recuerdos, es más fácil modificarlos, agregarles elementos o restarles información. Incluso, es posible insertar recuerdos que previamente no se encontraban ahí, como demostró la psicóloga Elizabeth Loftus.

Al parecer, la pregunta realmente importante no es por qué no podemos recordar nuestra infancia más tierna, sino cómo podemos confiar en cualquiera de nuestros recuerdos, siendo la memoria humana tan maleable y propensa a los fallos.

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