Shots Literarios: Una muerte y una educacion tempranas (John Steinbeck)

john_steinbeck-a

Tardó dos semanas en escribir su última carta, con revisiones y una ortografía correcta. En ella confesaba crímenes que posiblemente no podría haber cometido, y admitía faltas que se hallaban mucho más allá de su capacidad. Y luego, envuelta en una mortaja que se había preparado en secreto, salió de la casa una noche de luna llena y se ahogó en una charca con tan poca agua, que tuvo que arrodillarse en el fango y meter la cabeza debajo de la superficie líquida. Esto, evidentemente, requirió una gran fuerza de voluntad. Cuando por último cayó, presa de una cálida inconsciencia, estaba pensando con alguna irritación que su blanco sudario de linón estaría manchado de fango de pies a cabeza cuando a la mañana siguiente la sacasen de allí. Y así fue, en efecto.

Cyrus Trask lloró a su esposa con un barrilete de whisky en compañía de sus tres viejos camaradas de armas que habían acudido a visitarlo, en su camino de regreso hacia Maine. El pequeño Adam lloró bastante cuando se despertó, porque los tres compinches, que no sabían una palabra acerca de críos, se habían olvidado de darle de comer. Cyrus resolvió pronto el problema. Empapó un trapo en whisky y se lo dio a la criatura para que lo chupase, y después de dos o tres chupadas, el pequeño Adam se quedó dormido. Durante aquellas horas de duelo y congoja, el crío se despertó varias veces, llorando y berreando, pero con el trapo empapado se volvía a dormir en seguida. El niño estuvo borracho durante dos días y medio. Aparte de lo que pudiera haber sucedido a su cerebro en formación, ese tratamiento demostró ser beneficioso para su metabolismo: desde aquellos dos días y medio, gozó de una salud de hierro. Y cuando al cabo de tres días su padre se decidió por último a salir y a comprar una cabra, Adam bebió leche ansiosamente, vomitó, bebió más, y se sintió perfectamente. Su padre no se alarmó ante esta reacción, porque a él le solía suceder lo mismo.

John Steinbeck, Al Este del Edén, 1952

No hay comentarios.:

Publicar un comentario