Amputados electivos

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La mayor parte de los lectores quizá no hayan oído hablar de un trastorno psiquiátrico llamado: "Trastorno de la Integridad Corporal". Se trata de personas que tienen el deseo irresistible de tener uno o más miembros amputados. Él siguiente fragmento es una traducción mía de un ensayo escrito por una mujer con dicho trastorno, publicada por "The Guardian" bajo el título de: "No estaré feliz hasta que pierda las piernas". Hace tiempo la mujer logró que le amputaran una pierna, y espera que en el futuro le sea posible conseguir que le amputen la otra.

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"Desde que era adolescente, y en la privacía de mi casa, solía jugar a que era una amputada. Pretendía tener sólo una pierna, amarrando la otra y usando pantalones amplios para esconderla..."

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"No hay un manual de instrucciones para aquellos que quieren que sus extremidades sean removidas, pero siempre supe que lo haría. Eventualmente, le dije a mi esposo que un día perdería mis piernas. Le tomó muchos años entender por qué, pero se dio cuenta que era parte de mí, y supongo que lo aceptó"

"Hace unos años, le dije que ya era tiempo, y que me quitaría la pierna izquierda. Mi primer intento fue en marzo del 2005. Por supuesto que estaba asustada de morir, pero llegué a un punto en mi vida en que no pude combatirlo."

"Primero necesitaba congelar y matar la pierna para que los cirujanos la amputaran después. Ordené trozos de hielo seco de una compañía cercana a Edimburgo (lo mismo que se usa en las discos para el efecto del humo). Nadie preguntó para qué era. Compré 40kg (se evapora bastante rápido, por lo que tienes que comprar una gran cantidad). Me puse varias capas de pantimedias (porque no quieres que se peguen a tí), lo distribuí en la parte trasera del automóvil y me senté con la pierna enterrada en él durante una hora. El dolor fue indescriptible: Me dolió tanto que me desmayé unas cuantas veces. Estaba aterrada, pero más que nada por el miedo a fallar. Soy ése tipo de persona: Yo nunca fallo."

No dañé la pierna lo suficiente para conseguir que la amputaran en el hospital, así que el siguiente septiembre, hice un segundo intento y ésta vez me mantuve en el hielo seco por cuatro horas. Me senté con las piernas extendidas sobre el asiento trasero del auto, las ventanas abiertas y el pie bien cubierto con hielo seco, cubriendo la pierna y amontonándolo conforme se evaporaba. Cuando no pude soportarlo más, llamé a mi esposo, quien vino y me sacó. La pierna estaba dura como piedra. Tenía quemaduras de tercer grado y el dolor era horrible. Pero no fue suficiente. Ahora sé que se necesitan por lo menos seis horas para matar una pierna completamente"

"Mi esposo me llevó al hospital, pero se negaron a amputar. Increíblemente, dijeron que las heridas eran superficiales y que estaría caminando en pocos meses. Realmente pensé que esta vez el cirujano me daría la amputación que necesitada, pero parecían resueltos. Pasé por todas los estados mientras trabajaban en mi pierna para salvarla. A veces lo encontraba todo bastante gracioso, mientras que en otras ocasiones lloraba, y a veces pensaba que no iba a sobrevivir todo eso. Alcancé mi punto más bajo cuando me dieron de alta del hospital cuatro semanas después, tras ocho cirugías y con la pierna aún pegada a mí. Pensé en hacer un tercer intento. Pero esta vez tendría que hacerlo de manera diferente, tal vez poniendo mi pierna bajo un tren, de tal manera que no tuvieran más que un muñón qué coser."

"En casa, recuperé mis fuerzas poco a poco. Bajé de talla 9 a talla 7 durante las cirugías y quería darme un tiempo para recuperarme físicamente antes de intentarlo de nuevo. La pierna se infectó tanto que había riesgo de que las bacterias llegaran a mi torrente sanguíeno y me mataran. Tuve tanta fiebre que dormía las 24 horas del día. Mi madre se sentó al lado de mi cama, y me despertaba cada hora para saber si seguía viva. Ella sabía de mi enfermedad desde que era una adolescente, pero sé que la impresionó verme intentarlo finalmente. Tras nueve meses de agonía, le dije a mi médico que si no veía a alguien rápidamente, me quitaría la pierna yo misma. En dos días tenía una cita con un cirujano diferente."

"La amputación, en junio pasado, transcurrió sin incidentes, y me quitaron la pierna izquierda justo por encima de la rodilla. Me sentí mejor en cuanto todo terminó. Me sentía tan bien en el hospital que estaba lista para irme a casa tan pronto como me lo permitieran. Mi maleta estaba empacada y estaba lista para partir. El martes después de la operación manejé yo misma a casa en un coche automático, y al día siguiente prácticamente había vuelto a mi vida normal"

"Ahora que me han quitado una pierna me siento más completa. Siempre he sido una persona con bastante seguridad en mí misma, pero mi confianza es mucho mayor ahora que mi cuerpo se parece más a lo que deseaba. Por primera vez me siento capaz de llevar la vida que siempre deseé. En muchas formas, estoy comenzando de nuevo. Sé que suena extraño, pero es terriblemente excitante. Hacerme cargo de la casa, arreglar el jardín, ir de compras, todas estas cosas las manejo fácilmente sin ayuda, aún cuando ahora debo usar una silla de ruedas o muletas. Mi esposo ha sido muy comprensivo. Piensa que me veo un poco extraña sin una pierna pero dice que, después de todo lo que me ha visto padecer, lo acepta. Por ahora, está feliz de que yo esté feliz, y prometí dejarme la otra pierna tanto tiempo como sea posible; sé que esa pérdida sería terriblemente difícil para él.

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"Quitar la otra píerna no será más fácil que con la primera; el dolor será horrendo. Pero no tengo remordimientos acerca del camino que he elegido. De hecho, si me arrepiento de algo es de no haberlo hecho antes. Por primera vez en mi vida, puedo decir que soy la verdadera yo"

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