La carga de la timidez

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¿La timidez es una carga o una ventaja evolutiva?

Muchas personas piensan que la timidez es algo así como una enfermedad que debe ser erradicada de raíz. Sin embargo, hay numerosos ejemplos de personas tímidas que han conseguido grandes éxitos, y que se desenvuelven con aparente normalidad en los ambientes más inusuales y más complejos de la interacción humana. Como ejemplos tenemos a Agatha Christie, la famosa escritora británica quien sigue siendo uno de los autores más vendidos de todos los tiempos. También está Charles De Gaulle, el renombrado presidente frances, la actriz Keira Knightley, el escritor y neurocirujano Oliver Sacks, el cantante Morrisey y hasta el mismo Charles Darwin, por mencionar sólo a unos cuantos.

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Según el escritor e historiador de la cultura Joe Moran, la timidez parece ser una característica casi exclusivamente humana, derivada de la conciencia y la auto observación. Una persona excesivamente consciente de estar siendo vista se vuelve autocrítica, temerosa de su forma de interactuar con los demás y, si bien esto puede ser manejable en un entorno controlado, cuando no existen reglas escritas para la interacción social se transforma en una situación donde la ansiedad toma las riendas.

En el caso de los actores, seguir el hilo de un diálogo provee de una secuencia de eventos que puede ser aprendida y controlada, mientras que una entrevista con un desconocido proporciona una arena donde no se sabe de dónde provendrá la siguiente sorpresa.

Evolutivamente hablando, aquél que se aventuraba a los desconocido se convertía en conquistador, en lider. Sin embargo, las cosas podían no salir bien y el sujeto corría el riesgo de morir. El tímido permanecía a la sombra, pero ante los imponderables tenía más posibilidad de sobrevivir y reproducirse si el aventurero no regresaba. De una forma u otra, la mayor parte de nosotros provenimos de los sujetos cautos que permanecieron ocultos y fueron vencidos por el temor a no comportarse a la altura. No es un gran consuelo, pero a fin de cuentas estos individuos eran más observadores, más reflexivos y menos arriesgados. Tomaban precacuciones ante lo desconocido y, a fin de cuentas, prevalecieron.

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Las hembras de muchas especies, sobre todo las de los primates, prefieren la seguridad al riesgo y esto resulta en una estrategia menos memorable pero mucho más cómoda y con mayores probabilidades de supervivencia. Y si bien estas hembras pueden ser extremadamente agresivas cuando de defender el hábitat se trata, habitualmente despliegan su violencia solamente cuando la seguridad de ella o de sus crías se encuentra en riesgo.

Así pues, todo parece indicar que la timidez no es tan mala como la pintan, y mientras que la sociedad actual alaba la actitud asertiva y dominante, la historia evolutiva nos muestra que la cautela es una estrategia más plausible cuando los riesgos son inminentes, o desconocidos.

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