Las primeras evidencias de cáncer en homínidos se remontan a 1.7 millones de años

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Frecuentemente se piensa que el cáncer es una enfermedad de la era moderna: El estilo de vida sedentario, la alimentación, las toxinas a las que nos exponemos e incluso el aire que respiramos (o cosas tan extravagantes como nuestros teléfonos celulares) parecen ser el origen de esta enfermedad que ocupa ya la segunda causa de muerte en países desarrollados.

Pero recientemente los antropólogos han descubierto un tumor canceroso en un ejemplar de Australopithecus sediba, que seguramente no estuvo expuesto a una bomba atómica ni a productos alimenticios enlatados.

Si bien se habían hallado tumores malignos en ejemplares de hasta 300 millones de años, estos eran dinosaurios que no ocupan un lugar especialmente importante en nuestros árboles genealógicos y la prueba más clara de un cáncer en homínidos databa de 120,000 años y fue hallada en un ejemplar de Neanderthal, que no es pariente directo nuestro, sino un primo lejano particularmente fuerte y poco conversador.

Mediante técnicas de tomografía computada microfocal de alta resolución, los investigadores han podido clasificar este tumor: Se trata de un osteosarcoma que este tatarabuelo nuestro tuvo en el quinto metatarsiano, el hueso que está en la base del dedo pequeño del pie. Le habrá costado trabajo caminar e, incluso, pudo haber muerto a causa de las metástasis.

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