Creando cisnes a partir de manzanas

La cocina es un arte. Lleva años perfeccionarse en esta disciplina y, además, se requieren aptitudes especiales para conseguir destacar. Un aspecto que a veces se nos olvida a los simples mortales es la presentación, pero esta puede significar una diferencia enorme tanto en la forma en que vemos los alimentos como en su sabor, ya que este último sentido es uno de los más subjetivos de todos cuando se trata de definir los gustos personales.

No soy ningún gourmet ni nada por el estilo, pero soy un gran fan de la comida y los mejores platillos que he probado suelen ser aquellos con mejor presentación. O al menos la presentación suele ayudarme a alimentar la curiosidad y predisponerme favorablemente hacia nuevos sabores.

Recuerdo una vez que me sirvieron una ensalada de pétalos de flores. En cualquier otra circunstancia jamás habría probado tal cosa, pero estaba tan maravillosamente presentada que le di una oportunidad a las crujientes delicias y quedé facinado. Los habían escarchado con azúcar y tenían una especie de miel que jamás he vuelto aprobar, además de algunas semillas y trozos microscópicos de algún queso fuerte que no pude identificar. Pero eso lo descubrí después, cuando ya el aspecto me había convencido de que valía la pena arriesgarme con un bocado.

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